el dedo en el ojo

lunes, mayo 14, 2007

La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia, 2006)

Zhang Yimou se ha vuelto el director chino más conocido y visto en nuestro ámbito, dominado ampliamente por los distribuidores norteamericanos. Su última superproducción, la más costosa realizada en China, con intención de ganar el Oscar a la mejor película extranjera del 2006, fracasó ruidosa y merecidamente. Una copia degradada de sus films anteriores, Héroe y La casa de las dagas voladoras, En La maldición… recurre a una ambientación del siglo X para darle un cierto tono de tragedia shakesperiana, pero el truco muestra las costuras por todos lados. La tragedia no existe ya que para que exista se necesitan personajes trágicos. Pero el emperador y su familia son una caterva de marionetas cubiertas de apabullantes trajes, peinados y joyas. Casi se ven los hilos que las mueven. Ni siquiera hay un buen espectáculo. Las pocas escenas de combates se han visto mil veces en las películas de su género y cuando por cortos instantes aparecen las masas guerreras, el torpe apelotamiento las hace deplorables.


Alfredo Roffé
Publicado en Ultimas Noticias el jueves 3 de mayo de 2007

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miércoles, mayo 02, 2007

2046 (2004)

Dos interminables horas de proyección que narran en forma semicircular una historia de lánguidos y tediosos encuentros y desencuentros amorosos. El protagonista, un periodista-escritor de folletines, vive o rinde testimonio de incontables amores desafortunados que se desarrollan en ambientes claustrofóbicos como cuartos de hotel –uno de ellos es el 2046-, restaurantes, clubes nocturnos, etc. En varios momentos se introduce el relato de algunas de las novelas de Wong. A lo largo de todo el film de Wong Kar Wai, la construcción expresiva da énfasis al uso de la voz en off del protagonista -interrumpida sólo por los diálogos entre éste y sus mujeres-, a veces acompañada por arias operáticas o boleros caribeños a cargo de una voz femenina. Las escenas son breves, con planos muy cerrados y encuadres que no dejan ver ni el ambiente escenográfico ni el contexto urbano. Predomina el uso de teleobjetivos que aplanan la perspectiva y una iluminación con tonalidades amarillas que baña los brillantes colores de la puesta en escena.


María Gabriela Colmenares
Publicado en Ultimas Noticias el jueves 12 de abril de 2007

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